Existen muchos tipos de yoga. Estas diferentes vertientes proceden, en realidad, de las nueve ramas del árbol del yoga. Por eso se habla de Raja Yoga, Hatha Yoga, Bikram Yoga, Kundalini Yoga, Yoga Iyengar, Yoga Nidra y Yoga Sivananda.
Cada tipo de yoga trabaja unos aspectos (unos son más exigentes físicamente que otros, por ejemplo), aunque el fin último siempre es conseguir la comunión entre el cuerpo y la mente, y en segundo lugar la unión entre la conciencia individual y la universal.
Sea como fuere el yoga está de moda. Y eso es una buena noticia porque es una práctica que potencia la armonía y el bienestar individual y colectivo. Así que cuanta más gente se una, mejor que mejor.
Asimismo, lo interesante es que empieza a ser una práctica inclusiva. En el sentido de que se está haciendo hueco a los ARISTOPETS. Puede que los maestros yoguis más tradicionales se echen las manos a la cabeza, pero lo cierto es que cada vez es más popular la practica del yoga en compañía de nuestros mejores amigos. Y para quienes buscan encontrar un momento de sosiego, en medio de la vorágine del día a día, para compartirlo con su peludo, es una gran iniciativa.
Por eso hace un tiempo os presentamos la práctica del «doga», es decir, el yoga con perros. Y hoy os traemos la versión felina: el yoga con gatos.
Qué decir de los ARISTOGATOS que no hayamos dicho ya. Los amamos. Nos encanta verlos en todas sus facetas: durmiendo a pierna suelta (perdón, a pata suelta), jugando, explorando, sorprendiéndonos con un gesto de afecto absoluto, inesperado. Los gatos son amor. Lo sabes tú, lo sabe Internet, lo saben nuestros amigos de Japón (una cultura que siempre ha tenido a los gatos muy presentes. De hecho, los primeros cat café surgen allí en los 90). Lo sabe el mundo entero. Por eso, era cuestión de tiempo que los incluyéramos en una práctica con la que buscamos dejar de lado el estrés y las prisas, estar en paz y encontrar el bienestar. ¿Qué puede haber mejor que vaciar la mente y llenar el espíritu teniendo un gato cerca?

A nivel físico, el yoga aumenta la flexibilidad y fuerza, mejora el funcionamiento de todas nuestras glándulas, favorece la circulación y el riesgo sanguíneo. Corrige nuestra postura. A nivel mental y anímico, también promueve la relajación de una forma muy profunda, trabaja la concentración, la memoria, la atención y, sobre todo, otorga paz y estabilidad emocional.
Por su parte, los gatos complementan esta práctica porque son flexibles por naturaleza. Por lo que encaja perfectamente con ciertos ejercicios posturales que se llevan a cabo durante las sesiones de yoga. Asimismo, cuando están tranquilos… no hay nada más placentero y relajante que observarlos.
En muchos casos, la práctica del yoga con gatos es promovida por asociaciones que protegen a los felinos y también por los refugios. Y así los asistentes no solo tienen la oportunidad de compartir la experiencia con el felino, sino que también, si surge la chispa entre ambos, cabe la posibilidad de adoptarlos con mayor facilidad.
Dos buenos ejemplos de ello nos llegan desde Estados Unidos. El primero es «Cat Therapy», una cafetería de Santa Bárbara (California), donde no solo se puede tomar algo, además practicar yoga con gatos. El segundo es «Meow Parlour», que está arrasando en Manhattan (NY). A nivel nacional, no podemos olvidarnos de «La Gatoteca» (sede madrileña de la ONG Abriga), que también ofrece sesiones de yoga con gatos eventualmente. O del «Gatuari», en Barcelona.
Así que si estás pensando en apuntarte a algún deporte o hacer actividad física de cara al año nuevo… No hace falta que le des más vueltas: atrévete con el «yoga cat».

¿Has practicado alguna vez esta disciplina? ¿Qué te parece? ¿Conoces algún establecimiento o alguna asociación donde se practique? Cuéntanos. ¡Estamos deseando conocer tus opiniones!